El día 19 de agosto de 2019 escribí un post en relación al brote de listeriosis que empezábamos a escuchar a través de los medios de comunicación. Por aquel entonces el foco estaba en cuestiones propias de una primera fase de lo que es un brote de intoxicación alimentaria, cuestiones como hacer hipótesis de cómo había llegado un producto contaminado al consumidor y cuestiones relativas a qué productos señalar y al alcance de la retirada .Con aquel post intentaba aclarar o matizar algunas afirmaciones que había escuchado y que me sorprendieron.

A día de hoy, a 3 de septiembre  ( 18 días después de la primera noticia en televisión) y con la investigación avanzada, las cuestiones que se tratan son otras. De nuevo, me he vuelto a sorprender por las afirmaciones y explicaciones que he escuchado  o leído en los medios. Con este post sólo pretendo aclarar o matizar alguna de ellas.

Ahora estamos en  la fase acusar y defender,  de buscar responsables  e incluso de despistar.

Todos hemos escuchado en los medios que la junta de Andalucía, dentro de este caso, va a denunciar a la empresa  porque carecía de  licencia de actividad. Ciertamente es una irregularidad pero tiene poco que ver con el hecho de prevenir una intoxicación alimentaria. Lo importante es que esta empresa tenía autorización sanitaria nacional, es decir, un número de registro sanitario el cual es otorgado por las autoridades sanitarias. He leído en algún medio que sólo tenía registro sanitario autonómico pero no es cierto. No acierto a entender  el por qué de esto, si es desinformación o un intento de decir que esta empresa no podría operar en el territorio nacional y extranjero. El registro sanitario autonómico existe y es menos exigente que el nacional en materia de requisitos sanitarios pero en este caso la empresa Magrudis tiene un registro sanitario nacional.

También hemos escuchado que la empresa Magrudis había escondido durante trece días la existencia de dos productos ( morcilla y chorizos). En mi opinión, el no encontrar esos dos productos en tiempo y forma  se debió a que no se hizo un buen trabajo de investigación y mucho menos de trazabilidad. Una buena investigación incluye pedir el catálogo de la empresa, navegar por la web y hablar con comerciales de la empresa por ejemplo. Pero aún en el supuesto de  que a la empresa le diese tiempo a borrar todo rastro de esos productos de los catálogos o web este hecho se podría haber descubierto haciendo un buen ejercicio de trazabilidad. Por lo tanto, la verdadera razón de que no se retirasen estos dos productos junto con la carne mechada es porque no se hizo una buena investigación o bien porque se decidió tarde aplicar el principio de cautela.

Este mismo razonamiento que hago para los productos supuestamente “ escondidos” lo hago para esa carne mechada que se vendía sin etiquetar. Insisto que con un buen ejercicio de trazabilidad se hubiera descubierto en un primer momento. A este respecto habría que valorar cómo se vendía esa carne y a quien. Cabe la posibilidad de que esas piezas sin etiqueta ( las que se mostraron por televisión) se comercializasen a granel para otro establecimiento en una caja perfectamente etiquetada. No hay que olvidar que la intención de la empresa Magrudis en sus comienzos era la comercialización de carne y productos cárnicos al por mayor en cuyo caso los requisitos de etiquetado son diferentes a los requisitos de etiquetado de venta directamente al consumidor.

Por último me ha llamado la atención las declaraciones  y los hechos achacables al gerente de la empresa.

Lo primero que yo he escuchado por parte del gerente fue “ yo no he hecho nada malo”. Realmente no sabemos lo que quiso decir con esto. No sabemos si todo el tema de seguridad alimentaria lo tenía delegado en  el laboratorio, si tenía una persona responsable de seguridad alimentaria en la empresa, si ese laboratorio o esa persona carecían de las competencias necesaria para realizar estas funciones, si se le hizo creer al gerente que teniendo resultados satisfactorios de laboratorio ya quedaba garantizada la seguridad alimentaria  o bien si este gerente hacía caso omiso de las advertencias y recomendaciones de quienes tenían esta función delegada.

Otra declaración que le he escuchado fue “hasta en los quirófanos hay bacterias”. En mi opinión lo que evidencia esta declaración es que esta persona posee muy pocos conocimientos en seguridad alimentaria y no sabe muy bien de lo que habla.

El hecho de que el gerente  empezase a operar sin licencia de actividad  nos puede dar idea de una persona poco seria pero también puede ser que no se hubiese asesorado correctamente. Sea como fuere, hay que pensar que durante esos años trabajando sin licencia no se produjo el brote sino después, tras varias inspecciones sanitarias.

Con todo esto podemos predecir que será un juicio complejo. Eso ya lo dejo en manos de los abogados. Pero no menos importante son las cuestiones que han surgido al amparo de este brote.

En torno a este brote de intoxicación alimentaria  han surgido dos temas de debate que me han llamado la atención. En un debate se daba a entender que los fallos en seguridad alimentaria se debían a que los responsables de seguridad alimentaria de las empresas alimentarias eran mileuristas. En otro debate se proponía que la responsabilidad final de estos casos recayese en la persona encargada de asegurar la seguridad alimentaria.

Personalmente no puedo estar de acuerdo con ninguna de las afirmaciones.  En el primer caso, en mi opinión, cualquier persona debe ser responsable de la función que desempeña y conocer la repercusión de la misma ( tanto sea un becario como un nivel senior); no debe nunca anteponer o utilizar como argumento un bajo salario como excusa de que ocurriese  una intoxicación alimentaria. Yo misma fui becaria, mi primer empleo estaba relacionado con la seguridad alimentaria y mi conciencia se queda tranquila sabiendo que en su día he hecho todo lo que estaba en mi mano para hacer el trabajo lo mejor posible.

En el segundo caso, aunque es muy tentador echar la culpa a la persona que se encarga de la seguridad alimentaria, estaríamos cayendo en un grave error en muchos casos ( en algunos sería un acierto pero en otros sería un error). Por lo tanto, a falta de una sugerencia mejor considero que   la responsabilidad final  en un caso como este debe recaer en el dueño, gerente o director de la empresa alimentaria. Es cierto que hay malos profesionales en el área de la seguridad alimentaria. Es cierto que hay dueños de empresa alimentaria que hacen caso omiso de las recomendaciones del departamento de seguridad alimentaria.  ¿Cómo arreglarlo? No lo sé.

Sería ideal limitar el acceso a dirigir una empresa alimentaria a quien careciese de concienciación sobre la seguridad alimentaria pero yo tampoco sabría decir cómo hacer esto. Y luego es muy importante hacer una buena selección de los  responsables de seguridad alimentaria.

 

 

 

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