Esther Vazquez -RS individual

¿Quién dijo que un autónomo no puede hacer RSC? ¿Quién dice que es sólo patrimonio de las grandes empresas?

Hace ya unos cuantos años que aterrizó la RSC en el mundo empresarial, bien como herramienta de gestión, herramienta competitiva u otro uso que la empresa quisiese hacer de ello para conseguir de alguna manera, directa o indirectamente, un beneficio para la empresa tangible o intangible.

En primeros meses o años de su aparición recuerdo a empresarios que salían de las charlas ( en las que se intentaba dar a conocer la RSC) como habían entrado, no entendían nada, no comprendían el interés para la empresa. Pasados los años, cuando ya se consiguió explicar de manera más clara esto de la RSC recuerdo a algunos empresarios exclamando “¡ pero si eso ya lo llevo haciendo yo desde hace años! “Y entonces lo que ocurrió es que algunas de esas empresas que ya lo llevaban haciendo desde hace años tuvieron la acertada idea de comunicarlo.

Por un lado solemos hablar de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) o RSE ( Responsabilidad Social Empresarial) pero ¿ y si os planteo la RSI ( Responsabilidad social individual)?
Por otro lado solemos ver la RSC como un medio para obtener un beneficio ( reputación, retención del talento, incremento de ventas…..) pero ¿ y si lo planteamos como fuente de satisfacción personal?
Personalmente puedo decir que esas dos preguntas no me las planteo, sino que las ejecuto. Y esto lo llevo haciendo desde hace años en forma de Voluntariado el cual he realizado en distintas modalidades incluida el Mentoring a Emprendedores. Y de esta última modalidad de Voluntariado es en la que voy a centrar este post para animar a todos los profesionales liberales, autónomos y personas individuales a que lo prueben.

Recientemente he finalizado la etapa de mentoring con mi último mentee.
Os confieso que cuando nos presentaron tenía mis reservas de poder ayudarle por dos motivos: primero porque ya venía de un mentoring anterior y segundo porque su mayor necesidad era subir las ventas. El anterior mentor era especialista en ventas, sin embargo esa área no es mi especialización aunque sí lo era la actividad empresarial del mentee, es decir, es un operador de empresa alimentaria.
Aún así, tras expresarle al mentee y a la organización mis reservas el mentee quiso seguir conmigo.

Hoy día, yo misma, me quedo sorprendida del salto y de la evolución que se produjo en la empresa de este emprendedor durante la etapa de mentoring. En nuestras reuniones tratamos multitud de temas como la revisión y seguimiento de ventas, etiquetado del producto, cosas a tener en cuenta cuando subcontratas parte de la producción, etc
Decir que se trata de un emprendedor con las ideas muy claras, aplicado y con gran perfil comercial.

Cuando me enseñaba los documentos en los que registraba sus datos sobre las ventas y las visitas comerciales recuerdo haberle comentado en más de una ocasión “estás haciendo muy complicado lo que puedes hacer de manera mucho más simple”. Si no fuera porque él me lo explicaba mientras yo lo veía no lo hubiese entendido esos documentos.
Otra cosa que me llamaba la atención es que, siendo muy cuidadoso con los números y el control de las cuentas, le pasaban desapercibidos algunos costes que reducían su margen; o bien le había pasado desapercibido atar cabos importantes con la empresa subcontratada para la producción que podrían ponerle en jaque por diversos motivos.
En la última etapa nos estábamos centrando en la contabilidad de costes, pero no dio tiempo a más aunque estoy segura que él ya lo está viendo por sí mismo.

Llegó el día de finalización del mentoring, que en la organización que ofrece los servicios de Mentoring llama simbólicamente “divorcio”. El día de divorcio lo celebramos reuniéndonos las tres partes: organización, emprendedor y mentor.
No os podéis imaginar lo afortunada que me siendo de haber podido ayudar a este emprendedor. Lo iba intuyendo a lo largo de la etapa de mentoring pero fue en este día cuando me emocioné profundamente y experimenté una enorme satisfacción personal.
El emprendedor confesó que a veces, tras nuestras reuniones, al llegar a casa se decía a sí mismo “pero que tonto, cómo no he caído yo en eso”. Pero de eso se trata el mentoring, de ayudar a ver lo que otros no ven en el momento preciso y oportuno. No me cabe duda que llegaría a esas preguntas y respuestas en algún momento del proyecto pero a veces es crucial saberlo antes.
Sin embargo, lo que más me sorprendió fue el gran cambio que hizo respecto a cómo comercializar su producto. Todo gracias a que puso en práctica de manera inmediata algo que el sugerí. A los 4 días de haberle hecho la sugerencia ya me envió los resultados que había obtenido. Fue un wake up que le sirvió para auto convencerse de que tenía que cambiar algo . Su catálogo de productos y sus productos han experimentado un cambio considerable.

Una vez finalizada la formalización del “ divorcio”, aprovechamos para hacer una última reunión. Experimenté un momento muy bonito cuando me enseñó la nueva forma en la que había puesto los datos comerciales, mucho más simple, más clara y cito sus propias palabras “me lleva mucho menos tiempo mantenerlo actualizado “.
En resumen, la responsabilidad social no es patrimonio de las grandes empresas, ni siquiera de las empresas, no de los gobiernos, ni de las entidades sociales.La responsabilidad social la podemos practicar cada uno de nosotros. No me cansaré de decir que es una de las mayores fuentes de satisfacción personal que una persona puede experimentar. En mi caso es tan grande como cuando finalizo una misión de Interim Management con éxito.

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